El 1 de septiembre Maiquetía vuelve a operar. Ese martes será el primer tramo de un sistema que Venezuela debe imaginar hasta 2050.
El Aeropuerto Internacional Simón Bolívar reanudará vuelos comerciales desde terminales temporales. Capacidad inicial de unos 1.260 pasajeros a la vez. Primer tramo equivalente al 30 o 35 por ciento del volumen previo. Ocho frecuencias diarias, en números redondos. Laser retomará Madrid, Miami y Santo Domingo. Copa volverá cada día a Panamá. Latam reabrirá Bogotá–Caracas el 4 de septiembre, con tres vuelos semanales. Rutaca emprenderá otra vez Margarita, Maracaibo, Barcelona y Puerto Ordaz.
Esa reapertura importa. También obliga a decir las cosas con exactitud. Tocumen ya es el gran hub de conexiones de la región: más de 20 millones de pasajeros en 2025, rumbo a superar los 22 millones en 2026, con más del 70 por ciento de viajeros en tránsito y una aerolínea ancla que sigue abriendo rutas. En la jerga aérea, el hub es el eje donde la gente hace escala y el spoke es cada radio que alimenta a ese eje. Tocumen ya ocupa el primer papel. Maiquetía puede —y debe— volver a ser la puerta grande de Venezuela, un origen y destino fiable, un spoke serio de esa red panameña. Disputarle a Panamá el título de hub del Caribe sería gastar energía en una carrera ya corrida. Prepararnos para lo grande consiste en otra cosa: diseñar un sistema nacional de movilidad a la altura de un país de clase mundial. Esto lo he señalado en mi visión del libro Bienvenidos al futuro, y creo que ahora tiene más vigencia que nunca.
La Guaira mide el presente; 2050 mide la ambición
Quien aterrice el martes aterrizará sobre un litoral herido. De casi 7.000 comercios previos al 24 de junio, un censo de julio refleja que quedaron solamente 1.752 en funcionamiento. Más de 15.000 personas vivían del turismo en las casi 70 playas del estado La Guaira (antes estado Vargas). Asdrúbal Oliveros estima una contracción de 55 a 70 por ciento en la actividad del litoral durante el tercer trimestre. El 75 por ciento de los comerciantes apenas tenía holgura de nómina para tres meses. Hay 478 créditos nuevos en marcha y una primera etapa previa de 1.766 apoyos. Estar abierto y facturar siguen siendo dos tiempos distintos.
El Banco Mundial cifró en 19.600 millones de dólares los daños físicos directos del doblete sísmico. Esa factura puede pagarse a pedazos, aeropuerto por aeropuerto, vía por vía. O puede convertirse en el primer capítulo de una arquitectura integral. En Bienvenidos al futuro planteé que Venezuela se gobierna mejor cuando se gestiona como la empresa más grande que tenemos: con visión de largo plazo, con gerencia estratégica y con la decisión de pasar de sembrar petróleo a cosechar ciudadanos, instituciones e infraestructura que permanezcan
Quedo atento por si tienes más texto por arreglar. cuando la renta se agote. El 1 de septiembre cabe en un comunicado aeronáutico. Cabe, si lo decidimos, en esa tesis.
La mentalidad que construye países pioneros
Los países de avanzada resuelven el transporte como sistema. Francia, Japón, Corea de Sur y China entendieron que el aeropuerto vale por el tren que lo une a la ciudad, y que la ciudad vale por la red que la une al resto del territorio. Un terminal aislado es una isla de concreto. Un terminal conectado a un ferrocarril de alta gama y a un puerto es una plataforma de prosperidad.
Venezuela concentró durante décadas su puerta internacional en Maiquetía. El mapa resultante es frágil: un sismo en el litoral central detiene al país entero. Un país pionero se diseña con redundancia. Norte, sur, este y oeste. Cuatro puertas internacionales, cada una anclada a un polo de desarrollo, y un ferrocarril que lleve al viajero —turista, inversionista, estudiante, técnico, especialista, exportador— desde la pista hasta el centro urbano en tiempos de nación desarrollada.
Esa mentalidad cambia la pregunta. Dejamos de preguntar cuántos vuelos caben el martes en una carpa modular. Empezamos a preguntar qué red queremos tener en 2040 y en 2050, y qué hay que colocar en el suelo desde 2026 para que esa red exista.
Cuatro extremos, una sola estrategia
El norte ya tiene nombre: Maiquetía, Caracas y La Guaira. Puerta caribeña, capital política, litoral turístico y puerto. Prioridad inmediata: recuperar la pista, el comercio de los 1.752 negocios que siguen en pie y el corredor hacia la ciudad.
El oeste tiene base en La Chinita, Maracaibo. Energía, frontera, cuenca del Lago, comercio con Colombia. Una puerta occidental internacional convierte al Zulia en origen, además de destino doméstico.
El este pide una bandera clara sobre la red que ya existe entre Barcelona, Porlamar y Maturín. Oriente es turismo insular, industria, petróleo y carga. Un aeropuerto internacional de primer nivel en ese extremo —con Margarita y el eje Barcelona–Puerto La Cruz como sistema— abre el Caribe oriental sin obligar a todo viajero a pasar por el litoral central.
El sur se juega en Puerto Ordaz–Ciudad Guayana. Hierro, aluminio, Orinoco, puerta hacia el Escudo Guayanés y, más adelante, hacia el sur del continente. Un país que piensa hasta la mitad del siglo coloca una puerta internacional donde está la industria pesada y el territorio más extenso.
Cuatro puertas. Cuatro vocaciones. Una sola norma de calidad: seguridad, predicción de slots, migración ágil, combustible, mantenimiento y una regulación que una aerolínea pueda planificar a veinte años.
El tren que convierte la pista en territorio
El eslabón que falta es el que distingue a un país emergente de un país de avanzada: ferrocarriles de alta gama entre cada aeropuerto y los centros urbanos de mayor desarrollo. Maiquetía–Caracas. La Chinita–Maracaibo y el eje zuliano. El polo oriental con Barcelona, Puerto La Cruz y el enlace a las costas. Puerto Ordaz con Ciudad Guayana y, en fases posteriores, con los corredores que unan Guayana al centro. Sí, Guayana y el Esequibo, porque ese territorio también es Venezuela.
Alta gama significa puntualidad, confort, carga ligera, horarios coordinados con los bancos de vuelos y estaciones que nazcan dentro o junto a la terminal. El viajero que aterriza en el norte y llega al centro de Caracas en un tren previsible consume, invierte y vuelve. El que pierde dos horas en una autopista saturada o insegura ajusta su mapa mental y elige otro destino la próxima vez.
Ese ferrocarril también es política industrial. Fabricación y mantenimiento, oficios técnicos, energía eléctrica firme, turismo interior, movimiento de bienes de mayor valor. En Bienvenidos al futuro insistí en que cada inversión debe crear capacidades que permanezcan después de gastado el dinero. Un tren que solo mueve pasajeros es útil. Un tren que forma técnicos, ordena ciudades y abrevia la distancia entre la pista y la empresa, es desarrollo.
Del martes de septiembre al horizonte de 2050
La secuencia realista cabe en tres tiempos.
2026–2028. Reabrir Maiquetía con método, publicar el calendario de capacidad —del 33 por ciento al 60 y al pleno—, devolver oxígeno comercial a La Guaira y restablecer frecuencias internacionales punto a punto. Tratar aeropuerto, puerto, autopista y playas como un solo corredor.
2028–2035. Certificar y elevar a estándar internacional las puertas de oeste, este y sur. Iniciar los tramos ferroviarios de mayor densidad: primero el norte, donde el retorno económico es más inmediato. Integrar turismo, carga, energía y retorno de talento en una ventanilla única de país.
Quedo atento por si tienes más partes para procesar.
2035–2050. Operar una red de cuatro puertas y ferrocarriles de alta gama que haga de Venezuela un territorio continuo. Caracas dejará de ser cuello de botella. Maracaibo, el oriente y Guayana volverán a ser orígenes del mundo. El petróleo financiará parte de la obra; el turismo, la logística, la agroindustria y los servicios de conocimiento le darán sentido cuando la renta fluctúe.
Prepararse para lo grande nos hará grandes si empezamos por la mentalidad. Un país desarrollado piensa el transporte como sistema. Un país pionero coloca puertas en los cuatro extremos. Un país de avanzada une esas puertas con trenes que dignifican el tiempo de su gente.
Ver el mapa entero. Liderar la red. Reconstruir la movilidad como plataforma de prosperidad. El 1 de septiembre cabe en un vuelo. El 2050 cabe en la decisión de tratar ese vuelo como el primer riel de un país que, por fin, se mueve junto hacia el futuro.





