¿Cuáles son los países que están ganando (y perdiendo) la carrera de los data centers?
En los años 70, el poder se medía en barriles de petróleo. En los 90, en megabytes. En la década que empieza, se medirá en megavatios destinados a cómputo. Así de sencillo.
El boom de los centros de datos no es uniforme a través de los diferentes continentes. Es, de hecho, una carrera feroz donde algunos países captan la mayor parte de la inversión global, otros enfrentan obstáculos crecientes y un tercer grupo —quizá el más interesante— simplemente se está quedando atrás sin siquiera darse cuenta. Viéndolo de manera pragmática, la tecnología es la nueva geografía del poder.
¿Cómo va esta distribución de poder digital?
Los líderes indiscutibles: Estados Unidos domina el panorama mundial con más de 5.400 centros de datos operativos. Le siguen, a mucha distancia, Alemania y Reino Unido con alrededor de 500 cada uno, y China con cerca de 450. Estos países concentran la mayor capacidad instalada, los mayores hyperscalers (Amazon, Google, Azure, Oracle, Alibaba, Huawei, etc) y la mayor parte del pipeline de nuevos proyectos.
Podemos hablar de la ventaja nórdica. Los países nórdicos (Suecia, Finlandia, Noruega, Dinamarca e Islandia) representan un caso interesante. Aunque en número total de centros no lideran, están creciendo rápidamente en capacidad y atractivo para proyectos de alta gama. Su principal ventaja es el clima frío (free cooling natural), energía renovable abundante y barata, y estabilidad política.
También destacan los que “estaban ganando” y ahora se frenan. Europa fue, durante años, el segundo mercado más atractivo del mundo. Pero hoy varios de sus países enfrentan una paradoja: por una parte, tienen la demanda, la conectividad y el capital, pero sus redes eléctricas no aguantan más.
Irlanda y Países Bajos —que hace apenas cinco años acariciaban a los hyperscalers— han impuesto moratorias temporales o restricciones severas. Singapur, otro caso paradigmático, levantó recién en 2024 una pausa de tres años.
Estos países no están «perdiendo» la carrera en el sentido clásico. Están frenando porque su infraestructura energética llegó al límite. Y ese es un aviso para todo el mundo: sin electricidad, no hay data center, por más dinero o voluntad política que exista. Esto lo hemos hablado antes, es el cuello de botella para muchos desarrollos en el corto plazo.
Aunque usted no lo crea, la gran sorpresa es América Latina. Mientras Europa frena, América Latina acelera. La región supera los 530 centros de datos y una capacidad instalada que sobrepasa los 1.100 MW, con crecimiento anual cercano al 20%.
Brasil lidera con contundencia (197 centros de mayor tamaño, casi la mitad de la capacidad regional). México, impulsado por el nearshoring digital —empresas que trasladan sus operaciones de cómputo desde Asia y EEUU buscando cercanía y costos más bajos—, suma 173 instalaciones y sigue creciendo. Chile se consolida como un hub estable (59 centros), mientras Colombia avanza de forma sostenida (41).
Argentina y Perú aún están rezagadas, pero ya compiten por la misma inversión. Sería interesante preguntarnos, para el caso de América Latina: ¿quién ganará más peso en el mapa global de data centers? Y, peor aún, ¿qué países de la región se quedarán fuera?
Venezuela: el gigante energético que no despierta
Venezuela debería ser, en teoría, uno de los destinos más atractivos del hemisferio para los data centers. Su potencial hidroeléctrico —encabezado por la represa de Guri— y sus reservas de gas natural la colocan, en recursos brutos, por encima de Chile y Colombia, y a la par de Brasil.
Pero la teoría se estrella contra una realidad implacable. El país apenas cuenta con entre 4 y 7 centros de datos de escala modesta, ninguno operado por los grandes hyperscalers globales. Mientras México suma 173 instalaciones y Brasil 197, Venezuela no aparece en los mapas de inversión de AWS, Microsoft o Google.
Lo hemos visto antes. La brecha de Venezuela no está en los recursos naturales. Está en tres cosas: confiabilidad eléctrica (sin garantía de 99.99% de disponibilidad, ningún operador serio invierte), estabilidad jurídica y percepción de riesgo país. Y eso duele más que no tener petróleo: tenerlo y no poder usarlo.
¿Quién ganará la próxima década?
No necesariamente el país con más electricidad, sino el que logre convertir electricidad en soberanía digital de manera estable y predecible. La visión tiene que ser sistémica, estratégica. El que quiera meterse en esta competencia y ser tomado en serio, necesita demostrar capacidad de acción, y sostenibilidad en el largo plazo.
Los ganadores serán aquellos que combinen energía abundante, marcos regulatorios creíbles y una genuina visión estratégica de largo plazo. Los perdedores no serán los pobres en recursos, sino los ricos en recursos que no supieron gestionarlos.
Venezuela tiene los atributos naturales para estar en el primer grupo. Pero hoy, por decisiones acumuladas durante años, está en el segundo. La carrera no ha terminado, pero la ventana de oportunidad —como vimos en el artículo anterior— no se va a esperar. El consejo es: ¡moverse ahora, rápido, y en la dirección correcta!





