Reconstruir la industria petrolera: ¿reparar, modernizar o comenzar de nuevo? (2)

Una experiencia de hace veinticinco años que puede ayudarnos a comprender el mayor desafío industrial de Venezuela.

A principios de los años 2000, cuando todavía trabajaba en Petróleos de Venezuela (PDVSA), tuve la oportunidad de observar de cerca un intercambio técnico que hoy, más de veinticinco años después, adquiere un significado particular frente al desafío que tenemos por delante. En el marco de acuerdos de cooperación entre Venezuela y Cuba, profesionales cubanos visitaron instalaciones como la refinería El Palito. Eran ingenieros químicos, mecánicos, electricistas, especialistas en instrumentación y profesionales de proyectos. Poseían sólidos fundamentos de ingeniería, pero muchos carecían de experiencia con los sistemas de control modernos, las prácticas de mantenimiento y las tecnologías avanzadas que entonces utilizábamos. Su curiosidad era genuina: preguntaban, observaban y buscaban comprender cada detalle.

En la dirección opuesta, equipos venezolanos viajaron a Cuba para evaluar la refinería Camilo Cienfuegos. Construida a finales de los años ochenta con tecnología soviética y una capacidad de diseño cercana a 65.000 barriles diarios, había operado de forma intermitente entre 1991 y 1995. Tras la desaparición de la Unión Soviética y la interrupción de los suministros, fue paralizada y puesta en conservación (mothballing). Los informes que llegaban describían instalaciones envejecidas, instrumentación de tecnología anterior, estructuras deterioradas, equipos afectados por corrosión y problemas de integridad mecánica acumulados durante años de inactividad. La impresión técnica que se formó entonces era que la rehabilitación podía representar un esfuerzo económico tan grande que resultaba razonable estudiar la alternativa de construir instalaciones nuevas o limitar severamente el alcance de cualquier intervención.

Aquellas apreciaciones de nuestros colegas no eran anécdotas aisladas. Estudios de factibilidad realizados por PDVSA en 2000 y 2001 concluyeron que los números no cerraban para una reactivación completa. El proyecto fue suspendido. Años más tarde, en 2005, nuevas inspecciones conjuntas de CUPET y PDVSA estimaron un costo de alrededor de 83 millones de dólares para una primera etapa de reactivación. Luego, se constituyó una empresa mixta, la inversión de esa fase se elevó a unos 136 millones de dólares, y el 21 de diciembre de 2007 la planta fue reinaugurada. Procesó crudo venezolano durante varios años a una capacidad nominal de 65.000 barriles diarios y cumplió planes de producción. Sin embargo, los planes de expansión posterior se estancaron, la participación venezolana fue transferida a Cuba en 2017 como compensación de deudas, y la instalación ha operado de manera intermitente y por debajo de su capacidad de diseño, limitada por la disponibilidad de materia prima y el envejecimiento de su tecnología.

Un caso distinto, pero igualmente instructivo, es el de la refinería de Aruba (antigua Lago, en San Nicolás). Construida en los años veinte, cerrada por Exxon en 1985, reabierta y ampliada por la empresa Coastal a principios de los noventa (incluyendo una unidad de delayed coker), fue adquirida por Valero en 2004 por unos 465 millones de dólares. En el momento de la compra no se trataba de una instalación abandonada durante décadas; había recibido inversiones recientes y se encontraba en operación parcial, procesando crudos pesados y ácidos para producir principalmente intermedios y destilados. Valero invirtió en mejoras de confiabilidad y seguridad. Aun así, la planta enfrentó problemas estructurales de rentabilidad: altos costos operativos (especialmente por la falta de acceso a gas natural barato), un producto de menor valor relativo y márgenes volátiles. La refinería fue paralizada en 2009 por razones económicas y fiscales, reiniciada tras un acuerdo y un overhaul (mantenimiento mayor) de más de 90 millones de dólares, y cerrada de forma definitiva en 2012. Intentos posteriores, incluido uno de CITGO, no prosperaron. En 2025 Aruba y los Países Bajos anunciaron el cierre permanente y el desmantelamiento del sitio.

Estas dos experiencias, muy diferentes entre sí, dejan una enseñanza clara: las decisiones de rehabilitar, modernizar o sustituir instalaciones industriales requieren evaluaciones rigurosas de integridad mecánica, riesgos, costos, vida útil remanente, eficiencia energética, acceso a materia prima y energía, y rentabilidad a lo largo del ciclo de vida. Una planta puede volver a arrancar después de una inversión significativa y aun así no ser sostenible si las condiciones de mercado, el suministro o la cultura de mantenimiento no acompañan. Esa será precisamente una de las grandes decisiones que Venezuela deberá enfrentar en los próximos años.

El verdadero costo de volver a operar

En el primer artículo de esta serie analizamos la magnitud del deterioro acumulado en nuestras instalaciones petroleras, gasíferas y petroquímicas. Ahora corresponde preguntarnos cómo comenzar a recuperarlas. Una refinería es un sistema industrial altamente complejo, integrado por cientos de equipos y procesos interdependientes. Las unidades de destilación dependen de servicios auxiliares, sistemas de vapor, electricidad, agua, aire de instrumentos, redes de combustible, almacenamiento y sistemas de protección. Una bomba puede estar en buenas condiciones y resultar inútil si el sistema eléctrico que la alimenta falla. Un horno puede estar mecánicamente recuperado, pero su puesta en servicio dependerá del estado de sus sistemas de protección, control y combustión.

Rehabilitar una refinería exige recuperar la integridad y la funcionalidad del conjunto. Esto demanda inspecciones, evaluaciones de riesgo, pruebas, ingeniería de detalle, planificación, contratación, ejecución y rigurosos procedimientos de verificación antes de autorizar cualquier arranque. También exige establecer prioridades claras, porque cada instalación presentará condiciones particulares, necesidades diferentes e inversiones específicas.

Tres caminos para recuperar nuestras instalaciones

Frente a una instalación industrial deteriorada existen tres grandes alternativas.

La primera es rehabilitarla: reparaciones, sustitución de componentes críticos, recuperación de sistemas auxiliares y trabajos que permitan devolver los equipos a condiciones seguras de operación, conservando la mayor parte de su configuración original.

La segunda consiste en modernizarla: incorporar tecnologías avanzadas, nuevos sistemas de control y automatización, mejoras de eficiencia energética y modificaciones que incrementen la confiabilidad y la rentabilidad.

La tercera es sustituirla, total o parcialmente, cuando la condición de los activos, la obsolescencia tecnológica o los costos de recuperación hacen económicamente preferible construir instalaciones nuevas.

Cada alternativa tiene implicaciones diferentes en inversión, tiempo de ejecución, riesgos operacionales y beneficios futuros. Una instalación técnicamente recuperable puede presentar costos de rehabilitación superiores a los beneficios económicos esperados. Del mismo modo, una unidad antigua pero estructuralmente sólida puede continuar operando durante muchos años después de una modernización apropiada. La edad de los equipos es solo uno de los factores. Resultan fundamentales su condición física real, la vida útil remanente, la confiabilidad esperada, la eficiencia energética, el cumplimiento ambiental y la competitividad comercial. La decisión debe surgir de estudios técnicos y económicos bien estructurados, realizados por profesionales competentes, con evaluaciones independientes y criterios transparentes que consideren todo el ciclo de vida de los activos.

La primera gran inversión será conocer lo que tenemos

La primera gran inversión será conocer lo que tenemos Antes de comprometer miles de millones de dólares, Venezuela deberá desarrollar una evaluación integral de su infraestructura industrial. Será necesario inspeccionar equipos estáticos y rotativos, tuberías, hornos, intercambiadores, sistemas eléctricos, instrumentos, recipientes a presión y estructuras. También habrá que verificar los sistemas contra incendios, las condiciones ambientales, los servicios industriales y los registros históricos de operación y mantenimiento. En algunos casos encontraremos problemas relativamente sencillos de corregir. En otros, las inspecciones podrían revelar daños que obliguen a sustituir equipos completos o rediseñar instalaciones.

Los resultados permitirán clasificar los activos y diseñar un programa de recuperación basado en prioridades. Las primeras inversiones deberían concentrarse en eliminar riesgos críticos, recuperar servicios esenciales y seleccionar unidades capaces de generar resultados operacionales y económicos en plazos razonables. Este proceso también representa una oportunidad para incorporar herramientas modernas de inspección, monitoreo de condiciones, análisis de datos y gestión digital de activos. Tecnologías existentes permiten evaluar el deterioro de equipos, identificar tendencias de falla, mejorar los programas de mantenimiento y optimizar el uso de recursos. Su aplicación contribuiría a desarrollar una industria más confiable, eficiente y segura.

El capital financiero y la capacidad de ejecución

Las dimensiones económicas de este desafío son extraordinarias. Estimaciones publicadas en 2026 por Reuters y otras fuentes sitúan la recuperación de la capacidad de refinación venezolana en inversiones superiores a 20.000 millones de dólares, y otras evaluaciones preliminares señalan cifras considerablemente mayores, dependiendo de las condiciones reales y del alcance de los trabajos. Estas cifras ilustran la magnitud del esfuerzo. Las cifras definitivas deberán surgir de inspecciones, estudios de ingeniería, presupuestos detallados y evaluaciones de rentabilidad.

Será indispensable establecer mecanismos profesionales de gestión de proyectos, planificación, contratación, control de costos y seguimiento de resultados. Los grandes proyectos industriales requieren una coordinación rigurosa entre ingeniería, compras, construcción, puesta en marcha y operación. También será necesario garantizar estabilidad jurídica, reglas claras para la participación privada, transparencia en las contrataciones y condiciones que permitan recuperar las inversiones. El capital internacional podrá desempeñar un papel importante, particularmente mediante asociaciones con compañías que aporten tecnología, experiencia operacional y capacidad financiera. Venezuela dispone de oportunidades capaces de atraer ese interés, siempre que ofrezca un entorno institucional confiable y proyectos económicamente sólidos. Las inversiones deberán priorizar la seguridad, la confiabilidad y la creación sostenible de valor.

Recuperar instalaciones y multiplicar conocimientos

Durante las últimas décadas Venezuela perdió una parte importante de su talento especializado. Miles de profesionales se incorporaron a industrias petroleras y petroquímicas de otros países, donde adquirieron competencias en tecnologías avanzadas, modelos de gestión, prácticas de seguridad y metodologías de excelencia operacional. Esa experiencia constituye una ventaja extraordinaria. Al mismo tiempo, debemos reconocer el esfuerzo de quienes permanecieron en el país y continuaron operando instalaciones bajo circunstancias difíciles. La recuperación requerirá integrar ambas experiencias mediante programas de formación, mentoría, certificación de competencias y transferencia de conocimiento. Las universidades, los institutos tecnológicos y las empresas especializadas deberán participar activamente.

Los jóvenes ingenieros venezolanos podrán encontrar oportunidades en inspección, confiabilidad, automatización, mantenimiento, construcción, proyectos y operación. También surgirán espacios para especialistas en inteligencia artificial, eficiencia energética, transformación digital y tecnologías ambientales. La reconstrucción industrial puede ampliar considerablemente el mercado laboral y fortalecer las capacidades nacionales.

Una oportunidad para nuestras empresas

El programa de recuperación puede generar un efecto económico que alcance a numerosos sectores más allá de PDVSA. Empresas venezolanas podrán participar en la fabricación de estructuras metálicas, reparación de equipos, construcción de tuberías, montaje electromecánico, suministro de instrumentos, servicios eléctricos e inspección industrial. A ello se suman ingeniería, transporte, logística, servicios portuarios, capacitación, laboratorios y tecnologías de información. Cada proyecto puede convertirse en una fuente de oportunidades para pequeñas y medianas empresas. Una estrategia inteligente permitiría desarrollar proveedores nacionales, establecer alianzas tecnológicas y promover la transferencia de conocimientos. Con el tiempo, numerosas empresas podrían aumentar su capacidad para fabricar componentes, prestar servicios especializados y competir en mercados internacionales. De esta manera, una parte importante del capital destinado a recuperar las instalaciones circularía dentro de la economía venezolana, generando actividad productiva, empleo y nuevas capacidades industriales.

La oportunidad de hacerlo mejor

Cuando pienso nuevamente en aquella experiencia de Cienfuegos, encuentro una reflexión particularmente relevante. En aquel momento, nuestros profesionales intentaban determinar si convenía recuperar una instalación construida con tecnologías de otra época y sometida a años de inactividad. La planta finalmente se reactivó y operó durante años, pero su trayectoria posterior muestra que la puesta en marcha es solo el primer paso. La sostenibilidad depende de factores que van mucho más allá de la inversión inicial: suministro confiable de materia prima, costos energéticos, mercados, mantenimiento continuo y disciplina operacional. El caso de Aruba refuerza el mismo mensaje desde otro ángulo: incluso una empresa privada eficiente, que adquirió una instalación en operación y realizó inversiones, terminó cerrándola de forma permanente cuando las condiciones económicas no permitieron rentabilidad sostenible.

Hoy Venezuela tendrá que responder preguntas semejantes, pero a una escala incomparablemente mayor. La gran ventaja es que ahora disponemos de herramientas tecnológicas capaces de evaluar los activos con mayor precisión, desarrollar programas de mantenimiento basados en riesgos, optimizar procesos mediante modelos digitales y monitorear equipos para anticipar posibles fallas. También contamos con una comunidad internacional de profesionales venezolanos que ha continuado desarrollando conocimientos durante estos años. Tenemos, por tanto, la oportunidad de construir una industria que incorpore desde sus primeras etapas los mejores estándares internacionales de seguridad, confiabilidad, eficiencia y gestión.

Algunas plantas volverán a operar después de intervenciones relativamente limitadas. Otras requerirán transformaciones importantes. Y habrá proyectos en los que resulte preferible desarrollar instalaciones completamente nuevas. Nuestra responsabilidad será seleccionar las mejores alternativas sobre la base de evidencias técnicas y económicas, no de supuestos o de urgencias políticas.

Reconstruir para las próximas generaciones

Venezuela enfrenta un gran programa de recuperación industrial que puede convertirse en el punto de partida de una transformación económica de alcance nacional. La rehabilitación de nuestras instalaciones permitirá atraer inversiones, recuperar talento, desarrollar proveedores nacionales, incorporar tecnologías y generar empleos de calidad. Las decisiones que tomemos durante los próximos años determinarán la competitividad de nuestra industria durante varias décadas. Por ello debemos adoptar una visión de largo plazo, orientada a desarrollar instalaciones seguras, eficientes y capaces de generar riqueza sostenible.

La experiencia de Cienfuegos y la de Aruba nos recuerdan que cada proyecto tiene características particulares y que las decisiones industriales deben sustentarse en estudios técnicos y económicos rigurosos. El gran desafío será invertir inteligentemente, recuperar nuestras capacidades productivas y construir una infraestructura energética que genere valor durante las próximas generaciones.

Venezuela posee los recursos naturales, la experiencia industrial y el talento humano para emprender esta transformación. Con instituciones confiables, disciplina técnica, participación empresarial y una estrategia de largo plazo, la reconstrucción energética puede convertirse en uno de los proyectos de desarrollo más importantes de nuestra historia. La recuperación de nuestras refinerías puede abrir el camino hacia una nueva etapa de tecnología, empleo, emprendimiento y prosperidad para Venezuela.

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